viernes, 21 de septiembre de 2018

VIII-Una Fe práctica, tangible y funcional. Una Verdad única


VIII 
Una Fe práctica, tangible y funcional
Una Verdad única
   
En muchas ocasiones los grandes secretos se esconden a la vista de todo el mundo para que permanezcan protegidos. Lo desconocido es insospechado y no por lo complicado que sea explicarlo sino por lo difícil que es darlo a entender a cuantos aún no están preparados para asimilar las explicaciones.
Pues fácil es enseñar a los cerebros pero no así a los corazones engañados por creencias insuficientes y pergeñadas según la ignorancia de la observación en detrimento de la lucidez por un pensamiento puro. Es la dicotomía conocimiento-desconocimiento la base de las certezas o los equívocos de un mundo donde cada pensamiento tiende a considerarse una verdad relativa, acaso viviendo el espejismo de una realidad.

  ¿Pero y si todas esas aparentes certezas que nos ayudan a comprender el orbe donde evolucionamos, son solo las sombras que ocultan una verdad única que no explica la mente racional sino la intuición de lo sencillo? ¿Y si los grandes secretos confluyeran en una sola verdad a través de una inspiración en unicidad con la voluntad de entender el origen de todo este infinito expansivo que convierte la existencia en un misterio irresoluto? ¿Y si el fin de la vida consistiera en conocer un secreto a la vista de todos para comprender el porqué de la razón de existir?  Antes fluyen las ideas ordenadas pero inciertas  que las que pretenden desordenar, por ser ciertas, las ideas preconcebidas que son engañadas por un corazón cerrado a un entendimiento único al margen de creencias o dogmas. El entendimiento verdadero no depende de la razón en la que el hombre se extravía explorando un universo sin fin. En todo laberinto existe una salida después de recorrer los pasillos de la desorientación. Este laberinto existencial también posee su puerta para salir de él, a pesar de sus complejidades o de sus ilimitadas percepciones.

Mi escarceo con la meditación ya me mostró cómo bregar con este problema de las dimensiones superpuestas donde  todo es sencillo a la vez que complejo, gigantesco al tiempo que minúsculo, intemporal  a la par que contaban los segundos de una  inspiración aparentemente contradictoria. Porque uno aprende de la interiorización que todo es como parece hasta que se ahonda en la esencia de su causa para existir y se comprende que no hay casualidad aparente en las semejanzas  ni distinciones causales. En realidad todo proviene de un mismo origen de creación que es energético y maleable; a voluntad de un Creador que reconocido como Infinito formamos parte de su obra. Pero las distancias rompen el encantamiento de una idea global donde somos ese infinito más allá de nuestro limitado conocimiento.

  Por eso la Fe para alcanzar tan ignotos destinos que nos sobrepasan las limitadas creencias y nuestra vida temporal. La vida es en apariencia un galimatías sin sentido, un misterio sin razón que existe en una razón de ser donde todo posee una causa. El enigma está a la vista de todos como también el secreto único por el que la existencia se transforma en una razón primera, espiritual y práctica. Tan práctica como espiritual porque lo uno es complementario de lo otro y los asuntos del alma no son virtuales sino tangibles y funcionales.

  Mucho más prácticos, inmediatos, tangibles y funcionales que lo que la ignorancia y el egoísmo vanidoso de lo humano han dado a entender interpretando para sí mismo esa generosa concepción de existencia laberíntica que posee su vía de escape hacia nosotros mismos.

  Mirando la Fe como una herramienta de soluciones inmediatas, sus certezas son tan cercanas como visibles para aquellos que están preparados para ver. La sencillez de entenderlo es lo que diluye el infinito en que se extravían las soberbias, para desde la visión de un alma renacida comprender los muchos misterios que no conducen a nada, siendo todo un escenario sin trascendencia-a pesar de sus magnitudes-donde lo que realmente importa pasa inadvertido para los que aún no saben, no sienten que pueden ver. La Fe es certeza, no creencia. Una salida funcional de un laberinto que puede desaparecer prácticamente comprendiendo los sencillos fundamentos de nuestra razón de existir. Así el que pueda entender, no con las orejas del mundo sino con los oídos del corazón, entienda cómo resumir el extravío del infinito en una única razón por la que existimos. Mucho más sencillo y cierto que todas las ciencias de un hombre perdido en busca de un destino que jamás le conducirá a parte alguna que no sea la humildad de mirar hacia sí mismo... y regresar de un largo viaje hacia ninguna parte.



martes, 18 de septiembre de 2018

VII-Una verdad única en la intención existencial. Humildad y Despertar


VII  
Una verdad única en la intención existencial
Humildad y Despertar 

Argumentar la existencia de una verdad única en un mundo donde hay tantas verdades y  bestias capaces de defenderlas con violencia para imponer un criterio social o mesiánico, es un desvarío temerario.

La realidad es que cuando se ha anunciado una verdad que hace libres, ha permanecido divulgado en el tiempo  este secreto mensaje contrariando a cuantos creen saber y estar en posesión de su verdad. Tantas verdades como caprichos airados posee el hombre para imponerlas.

Sin embargo, una verdad única no sería referente a una creencia o un dogma denominando un dios con nombre propio y siendo excluyente. La verdad que quizá se le escape a la ignorancia ensoberbecida de muchos guías ciegos y millones de prosélitos guiados por la ceguera de una fe mal entendida, es la de la intención que subsiste tras la apariencia de una existencia que parece gobernada por un caos y un desconocimiento implícito acompañando toda la historia de la humanidad sobre el destino universal. No es por azar  que sea así.  Por algo debió de ser la existencia de los profetas o los maestros que llegaron para mostrar un camino, no siendo casualidades en un mundo donde todo parece estar atado y bien atado, incluso después de la muerte aunque solo se intuya pese  a la ignorancia humana que desconoce el porqué de su existencia.

No es la definición de una verdad la que puede aglutinar millones de pseudo verdades, sino la comprensión de que existe una intencionalidad en la existencia, en el ir y venir de los individuos que nacen sobre la Tierra para un fin concreto aunque los protagonistas de esas historias terrenales lo desconozcan.

¿Una intención oculta?, evidente. Esa sí sería una verdad única pues alumbra una actitud antes que una razón. Actitud divina en todo caso.  La intención alrededor de lo que gira todo  y que pasa inadvertida hasta que se capta el mensaje oculto que durante miles de años ha permanecido protegido, en tanto el libre albedrío ha coexistido con el deseo de conocer cuál es el sentido verdadero de nuestro paso terrenal. La intención de una Sabiduría infinita que mantiene ocultamente, y  a propósito, el fin primero y último de la razón de existir durante miles de años.

Una verdad única como intención que aglutinara todas las creencias, porque todos son llamados a interpretar y descubrir ese misterio intencionado por el que se explica la marcha por este valle de sombras y de lágrimas. La clave está en la intencionalidad, no en la definición del infinito sino en la voluntad que subyace tras las cortinas de la confusión donde todos son llamados a entender cuando estén preparados para hacerlo. Eso es lo que parece esconderse tras las enigmáticas prédicas en forma de parábolas, como si fluyera un mensaje secreto solo inteligible para quienes están preparados para entenderlo, quizá con la lucidez de unas emociones alejadas de lo mundanal.

Entender una verdad unívoca que reúna todas las verdades, es la esencia de una Fe como certeza donde confluyen todas las creencias. ¿Pero entender qué? Pues la intención en sí; y una vez entendida esa intención de una Sabiduría infinita, alejarse del espejismo terreno para regresar al origen de todo conocimiento, y por añadidura, como premio,  recibir todo aquello de lo que se sabe que hay necesidad. No en el hipotético más allá, sino en la funcionalidad de una Fe como certeza donde todo es posible cuando la verdad hace libres a los hombres de las cadenas mundanales. Fe práctica que sirve en bandeja, una vez se conoce, todo lo que el mundo niega con la carencia mientras se pertenece a él, desconociendo los secretos del espíritu que ya fueron revelados a los pequeñuelos dispuestos para recibirlo todo desde sí mismos. Porque el infinito se manifiesta desde dentro cuando se toma consciencia de la propia divinidad de nuestro ser. Eso parece significar lo que se habla con secretismo y donde desemboca el entendimiento cuando se logra ver lo oculto.

La ley de atracción no es una casualidad como tampoco los estudios de física cuántica que explican cómo somos transmisores de energía en un mundo energético donde el propio pensamiento puede moldearlo por nuestra propia influencia a voluntad.

Nada de esto es nuevo, acerca del gran poder creador que existe en los hombres pero se comunicó en parábolas para que el que  pudiera entender de corazón la verdad oculta, se regocijara sabiendo que todo es posible con la conciencia cierta de que es real. La Fe práctica que todo lo consigue saciando toda carencia. Pero hay que ser como niños para comprender. Esa es la primordial dificultad en un mundo engañado por la vanidad humana en que se entiende como sofisma que la Fe es una certeza por cuanto se interpreta como la creencia en lo que no ha sucedido. Una transformación consistente para convertir la Fe en una realidad consciente antes de que se produzcan los hechos. Una sutil diferencia que marca la practicidad del camino espiritual frente a la razón limitada de una lógica que engaña hasta que se traspasan los límites impuestos durante siglos de ignorante sabiduría y divagación terrenal.

¿Qué sucedería si la existencia fuera solo un simulador donde lo más importante pasa inadvertido por pertenecer a la evolución individual de cada alma? ¿Una infinita lección de humildad para un hijo pródigo extraviado que mareado por el infinito, su destino final es advertir que no va a ninguna parte si no regresa a la casa de un padre donde será bien recibido cuando despierte de su sueño de ambición? Cuesta creer que toda la inmensa historia de la humanidad sea solo un espejismo con todas sus grandes obras sumadas… pero toda esa grandeza sucede en una minúscula mota de polvo llamada Tierra inmersa en un infinito Universo en expansión. Un simulador, solo eso, un gran simulador con una herencia divina utilizada imperfectamente por un hijo pródigo conjunto llamado humanidad. Hijos de hombres, caprichosos, llamados a ser Hijos de Dios cuando puedan ver la realidad y comprender la razón real de sus existencias terrenas.

Polvo somos y en polvo nos convertiremos, advierten. El orgullo de millones de nadie frente a un plan oculto de evolución donde todo es dado a quien despierta de su pesadilla de carencias. ¿Un simulador la vida con una herencia divina infinita para advertir con humildad que existe una intención en toda esta Creación de la que formamos parte? Seguro que sí, pero entender como niños en un mundo tan importante no es tarea fácil. No importa quiénes somos sino lo que llegamos a ser cuando despertamos y advertimos que todo es un espejismo, un escenario donde la meta de todas nuestras evoluciones está en regresar al origen y recibirlo todo como compensación. ¿Ser como niños para acceder a un reino de los cielos que todo lo otorga en esta vida despertando y regresando? Absurdo, seguro, porque no todo el mundo puede entender una “jugarreta” divina de un Dios todopoderosamente amoroso que espera de cada uno la humildad para comprender una lección que conlleva el premio de tenerlo todo de lo divino ¿precisamente por renunciar al espejismo de las ambiciones mundanales? Pues una vez alcanzado ese reino interior que es una demostración de inocencia para salir de la rueda de la existencia hay  premio seguro siendo bienaventurados todos los que lo alcanzan. No en un más allá sino más cerca del propio aliento  y de los propios pies donde Dios nos habita siendo de su poder creador.

El regreso después de ese largo viaje existencial  hacia ninguna parte que no sea el despertar; resucitar de entre los muertos que no entienden esos muy sencillos secretos misterios del espíritu que solo los que llegan a ser como niños comprenden.  La inmensa lección de humildad entendida porque eso es el aparente e infinito propósito de la existencia para todos, sea uno rey o mendigo. La Biblia tiene innúmeras referencias a la reencarnación, clave sin la cual es imposible explicar el propósito de la evolución espiritual, no obstante ya se dijo que se dejase a los guías ciegos guiar a los ciegos. Nada queda al azar.
¿Absurdo ante la inconmensurable grandeza humana que ya es advertida que polvo es y en polvo se convertirá… evolucionando en una mota de polvo galáctico? HUMILDAD Y DESPERTAR.







viernes, 7 de septiembre de 2018

VI-La engañosa dimensión de la ambición humana. Un regreso en humildad


     
    VI 
La engañosa dimensión de la ambición humana
Un regreso en humildad
  
No es una teoría romántica sino una certeza racional la premisa de que polvo somos y en polvo nos convertimos. Una advertencia para ese cerebro privilegiado de lo humano que es capaz de arbitrar muchos órdenes de la existencia con la absoluta y paradójica impotencia de no poder conocer el sentido de la misma.

  Hay dos verdades constatadas que confluyen en un mismo misterio más allá del pensamiento o la fe religiosa que cada uno quiera o no profesar: un tiempo para vivir y un tiempo para morir en una razón de ser y extinguirse en apariencia que, si bien se entiende racionalmente, no deja de ser desconocimiento global para todos. Siendo impelidos a vivir con el horizonte inexorable de la desaparición, obligados a interrogarnos sobre el porqué de este paso efímero por la vida quizá no se advierte que en esa inmensa incógnita está la posibilidad intrínseca que nos permite descubrir la verdadera razón de nuestra experiencia vivida como la comprensión de nuestra desaparición. ¿Un orden preestablecido que supera las expectativas del conocimiento humano?; que el razonamiento no pueda acceder al misterio no es óbice para que exista una intención sobre ese orden.

   Lo desconocido sigue siendo regido por una inmensa Sabiduría que nos sobrepasa, tal cual lo es todo hasta que encontramos una justificación intelectual para entenderla. Así sucede con el origen y el fin de la existencia humana. No queda nada al azar; a pesar de no entenderlo. Ignorar un porqué no significa que no haya una explicación.para experimentarlo.Y de facto se experimenta inexorablemente aunque nadie haya podido explicarlo.

  Todo ser vivo está de paso en el orbe y sus condicionamientos de vida están insoslayablemente ligados a la extinción. Que sea así no es una casualidad y se colige observando la causa y el efecto que dinamiza al mundo tal y como conocemos incluso intuyendo su infinito ilimitado a través de las ciencias.

  Es en los extremos-nacimiento, muerte- que choca la complacencia racional advirtiendo un cuerpo conjunto de humanidad donde todo pasa y evoluciona a través del paso del tiempo como de los pobladores del mundo. Efímeras grandezas que si en lo individual poseen caducidad, se extrapola a la historia acumulada de lo humano, formando la gran cadena de la existencia donde cada individuo es un eslabón frágil de la condición humana participante de una obra maestra de memoria indeleble. Pero hasta esa historia se muestra insignificante ante la infinitud que la rodea y de la que forma parte.

  La vida no posee otra certeza que su enigma intrínseco que define la impotencia terrena y sus vicisitudes por muy magníficas que puedan parecer. Cualquier mundo microbiano podría relativizar la trascendencia de los colosales méritos humanos que no solo se ubican en el vacío de unas referencias espaciales y temporales insignificantes, sino que también están abocados al misterioso umbral de la mortandad como única meta a tan largos viajes en busca glorias destinadas al entierro y el olvido.

  Mas no basta la evidencia contundente de la desaparición para saciar la vanidad de una humanidad sin proporcionalidad, sin identidad ante un Universo infinito, una alegoría de inmensa creación capaz de transmitir la insignificancia de las proezas históricas. Tan grande sensación de magnificencia en una Tierra inabarcable, tan minúscula ésta en un Universo sin límite. Todo relatividad por un espejismo sobre espejismo, inmersos en una realidad sobre realidades inabarcables... y con todo ese galimatías de existencia e inexistencia los mensajes que nos guían al interior para no dejarnos engañar por los reflejos del mundo. Un regreso en humildad prescindiendo del engaño que muchos pretenden conquistar para luego desaparecer como si nunca hubiesen existido, acaso con la ambición de dejar las huellas que el tiempo siempre termina borrando.

  ¿Buscar en el interior y ser como niños para que una verdad nos haga libres? Los secretos del espíritu revelados a los pequeñuelos parecen ser diametralmente opuestos a las vanaglorias mundanales por muy brillantes y colosales que puedan suponerse. Y si cuesta creer que polvo son y en polvo se convertirán ahí permanece como árbitro insobornable la muerte. Acaso detrás de su pasar esté la verdadera vida y con ella la dimensión real de la existencia ilimitada que empequeñece este simulador terreno donde pasan inadvertidas sus infinitamente sabias, magnánimas y muy sencillas importancias.


jueves, 6 de septiembre de 2018

V-Un sentido de la existencia también ordenado. La intención que encaja


      V
Un sentido de la existencia también ordenado
  La intención que encaja
  
El sentido de la existencia no está desordenado.  Las piezas encajan con una Sabiduría que sobrepasa la ignorancia humana.

La humanidad posee el instrumento de la inteligencia para indagar y comprender cada vez más el mundo en el que existe y desenvuelve el propósito de la evolución, aunque siempre se halle desorientada con el fin primero y último de la estancia sobre la Tierra. El sentido de vivir prevalece en el tiempo, aunque no haya verdad unívoca en la intención de entenderlo.

A pesar del galimatías de voluntades, la Torre de Babel sobre el propósito religioso, no hay casualidad en este milagro inadvertido  que es la vida en sí misma. Que no se sepa del sentido real no significa que ese propósito no rija el impulso del progreso, el avance de la Historia junto a la reflexión sobre la causa y el efecto de nacer y morir, difuminándose permanentemente el horizonte global al que todos nos dirigimos. Todo en una mota de polvo inmersa en un infinito en expansión donde la proporción es relativa según el prisma con que se observe. Ininteligible a la poderosa inteligencia que todo parece saberlo menos el porqué de vivir como la certeza de la desaparición.

Los secretos del espíritu son como una brisa: se sabe que sopla pero se desconoce de dónde viene y hacia dónde va. El enigma es el sentido de la existencia en sí mismo, luego hay una intención que dirige. Las piezas de esa intencionalidad se conforman en un puzle existencial perfectamente creadas y que colocadas correctamente dan significado real a este existir que bien podría ser imaginario según la relatividad de su consciencia e inconsciencia; muerte y vida; realidad y sueño. La dicotomía donde todo se corresponde dando a entender que nada queda al azar a pesar de su aparente improvisación. Solo hay que colocar las piezas correctamente y quizá hasta renunciar a colocarlas para así poder ver sobredimensionada la razón de que algo nos impulse a querer conformar un sentido axiomático de la vida.  Acaso si supiéramos la intencionalidad también conformaríamos el puzzle desordenado de la limitada voluntad mundanal para acceder a los secretos del alma, renunciando a mirar hacia el infinito que extravía; prestos en la renuncia a conocer los íntimos, humildes designios divinos del corazón. Porque la divinidad es una señal generalizada aunque se malinterprete o pretende ignorar, Algo hay superior y concluyente, organizado e intencionado.  Porque materia-alma es también dicotomía que nos trasciende queramos o no entender los propósitos dimensionales a los que pertenecemos de una u otra manera y advertidos estamos que nada somos y en nada nos convertimos por el propio e inequívoco propósito de la subsistencia material.

La existencia humana podría comprenderse desde la trascendencia del microcosmos o del macrocosmos y no variaría la relativa consideración de las dimensiones ni la significación resolutiva de la observación. Todo es grande e infinito como pequeño y efímero según la inteligencia con que se quiera mirar el entorno del que formamos parte y al ser mismo que nos permite conformarnos en este laberinto de reflexión en que estamos inmersos, intentando asimilar colectiva e individualmente, más civilizada o incivilizadamente,  nuestro paso por la existencia con mayor o menor provecho de la voluntad espiritual; con mayor o menor progreso de las sencillas premisas de la inocencia tan alejadas de las consistencias de la ambición humana cuyo destino es el polvo.

Las piezas existen desordenadas; la intención constructiva coexiste con el libre albedrío de querer conformar un puzle cuya solución parece estribar en la renuncia a componerlo y construirse en una pieza divina desde el interior; La Luz de la que dice Buda que “tú eres tu propia luz, tu propia lámpara” o Jesús y el reino de los Cielos interior al que se accede siendo como niños. El espíritu del enigma resuelto que todo lo sabe y todo lo da cuando se regresa al origen del primer y único misterio que todo lo explica con el retorno sin la duda mundanal.

¿Renunciar a construir un puzle infinito para descubrirlo en uno mismo con la inocente renuncia a la ambición de comprender para entenderlo todo? ¿Intención divina de una inmensa lección de humildad a la ensoberbecida humanidad, como misterio resuelto a quien pueda y quiera  entender con la entrega de un niño? En la inmensidad de la ignorancia mundanal, la intención encaja.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

IV-Una inmensa existencia terrenal como lección de humildad."Dejad a los guías ciegos que guíen a los ciegos"


       IV
Una inmensa existencia terrenal como lección de humildad.
Dejad a los guías ciegos que guíen  a los ciegos
  
La dimensión espiritual es terreno desconocido para el hombre cuyas incursiones son expectativas múltiples que se desvanecen sin poseer la certeza de una Ciencia que explique un objetivo pragmático de la existencia, salvo la muerte.

Así todas las civilizaciones se han enfrentado al eterno misterio que es la primera y última razón de ser de toda la Humanidad. Algo está delineado en un plan de Sabiduría insondable para que el hombre crea sus grandes victorias desmentidas por el polvo al que es destinado inexorablemente. No falla nada en esa realidad insoslayable, todo es un acierto conjunto de capacidades infinitas formando parte de un Universo expansivo sin fin. Todo menos creer que la grandeza, la magnificencia de los colosales logros es el fin de la creación y el objetivo oculto del nacimiento.

 Lo más importante pasa inadvertido en lo que parece ser un simulador donde se demuestra constantemente el equívoco y la impotencia del orgullo por las grandes obras que como los imperios siempre se finiquitan, con la decadencia y el declive de la luces difuminadas entre las sombras del cambio y la consumición.

 El motor creativo del mundo está basado en la soberbia de la competición por los logros, siendo una única meta la que espera a todo triunfador. Pero en lo que atañe a la espiritualidad, sin humildad no puede haber entendimiento.

 Sin humildad no hay verdad que haga libres de las cadenas pesadas de un mundo que no aprende en su conjunto; sin verdadera humildad no se puede ser como niños y acceder al infinito poder de la Fe como certeza que todo lo da, todo lo sana, toda carencia troca en abundancia y toda ignorancia en el sencillo, pero ignoto, conocimiento de los secretos del espíritu; sin humildad definitiva que entiende más allá del espejismo de las grandezas, no hay retorno liberados del laberinto terrenal pensando que con la muerte todo acaba.

 Las guías de los profetas en cualquier religión-ligar al hombre con Dios-hablan de renuncia y reconocimiento interior; una muestra de humildad para el que pueda entender. No hay caos en la Sabiduría, sino intención en la ocultación para que cada cual comprenda la simulación de lo magnífico y se libere siguiendo las instrucciones del espíritu. Solo los corazones evolucionados identifican la intención de la Verdad lejos del mundanal abismo de atracción que es la ignorancia. Humildad en este viaje a ninguna parte que es tan grandiosa como insignificante Humanidad que vive en una mota de polvo inmensa llamada Tierra, inmersa en un infinito Universo expansivo sin fin. No hay distancias mensurables hacia la ilimitada Creación de un espacio incognoscible que la vanidad humana estudia, sin advertir que solo sabe que no sabe nada salvo de sus hazañas inmortales descritas por los escribas con seguro final.

 La inteligencia no es creación humana, sino una herencia otorgada para que, a pesar de las ilusionantes inmensidades que abarca, retorne humildemente al reconocimiento de sus imposibilidades: el regreso por la aceptación de un destino conducente a la nada, y el despertar para entender que este escenario de conquistas es solo un simulador sin otra consecuencia que el retorno humilde siendo como niños en la evolución del espíritu. Toda la inabarcable evolución de la humanidad y sus sapiencias históricas durante siglos parecen ser el plan de una Sabiduría infinita que lo único que pretende es que se aprenda humildad para continuar la evolución de las importancias del alma.

 Hijo del hombre aquel que sigue los designios mundanales y se deja embaucar por ellos; Hijo de Dios quien evoluciona y renuncia al mundo para acogerse a los designios divinos que le piden ser como un niño para encontrar un reino de los Cielos interior donde obtenerlo todo a través de una Fe que no es creencia, sino certeza de que en esa renuncia todo llega a quien sale de las sombras del orgullo terrenal.

 Así lo expresan los libros sagrados, a modo de señales trastocadas por el misterio para que el que pueda ver vea y el que pueda oír, oiga. Intención como misterio, voluntad de un plan sabio ajeno de la ignorancia humana.

 Dejad a los guías ciegos que guíen a los ciegos, dijo Jesucristo sabedor de que los misterios del espíritu estarían a salvo en tanto los custodiaran, sin entenderlos por sus duros corazones,  los innúmeros guías mundanales erigidos durante la Historia de la Humanidad que creen estar en posesión de esas muchas verdades que desconocen la intención de un plan divino: la clave, la verdad única que parece explicar, ciertamente,  todos los demás espejismos de la efímera vanidad.  



III-Libertad terrenal para entender lo que concierne al espíritu. Libertad de actuación


                III
Libertad terrenal para entender lo que concierne al espíritu.
Libertad de actuación.
  
 En este mundo todo es relativo desde un entendimiento que intenta asimilar una  fenomenología adscrita a la ilimitada Creación que abarca lo más grande y lo más pequeño, infinitamente.

 La aptitud de la inteligencia puede analizar el entorno pero no ser él mismo; nace de él pero ignora su origen. La importancia pensante es relativa pues no es pensamiento de lo Eterno sino que se desarrolla fuera de sus insondables secretos. Todo tan inmenso para tornar a lo irrelevante ante la perspectiva segura de la sepultura.

  Una intención oculta rige la oportunidad de existir y permite un libre albedrío que explica los desórdenes morales y la degeneración de las normalidades en un mecanismo universal de perfecto encaje. Un libre albedrío para conculcar los órdenes aunque no para zafarse de las consecuencias de ellos. Pues ya se advirtió, a modo de guía,  que con la misma medida que midiéramos seríamos medidos.

  Libertad de actuación es la clave que interpreta este conjunto de sensaciones vivas que nacen de la nada y parece que a la nada se van con cada individualidad que experimenta un nacimiento para insoslayablemente morir.

 Libertad proporcional al ocultamiento de la intención que con la razón solo puede intuirse sin encontrar una verdad absoluta. Libertad por un tiempo contado en lo terreno, pero libertad en la inmensidad del Infinito del que se es consciente durante unos años de protagonismo vivencial. Todo en una inmensidad consistente con una importancia humana relativa. El Universo es sólido frente al pensamiento que lo estudia o lo adivina. Poderoso pensamiento en esencia e insignificante como fin último para un ser creado temporalmente con fecha de caducidad.

  Que el entendimiento sea corto respecto a la ilimitación de lo que está siempre por conocer, es una de las verdades implícitas en las debilidades humanas que en la práctica ninguna teoría puede rebatir. La negación de Dios forma parte de la libertad de acción, pero no la negación de la muerte que es la clave para entender el porqué del vivir siendo inescrutable el misterio de su determinación ignota. No es casualidad que frente a la ambición el brío humano sea templado por el horizonte de la Parca. Por si quedaban dudas sobre la insignificancia de la obra humana, el polvo es un destino inesquivable.

  Una gran Sabiduría actúa creando las condiciones donde el hombre ha de desenvolverse sin saber nada del objeto de una supervivencia destinada a la extinción. Proporcional su misterio como ser vivo y racional al balance de la razón sea cual sea la disciplina científica o de pensamiento que resulte de su práctica.

  Libertad para entender o desentenderse de la oportunidad de vida para obrar según una conciencia que no es casualidad como árbitro de las acciones. La humanidad está condicionada para observar y adaptarse a la existencia en su aspecto fungible de realidad, en tanto en cuanto posee entendimiento para aceptar las reglas universales que rigen el mecanismo natural de un Infinito que lo abarca todo pero donde es efímero.

  El hombre dispone de un conjunto al que pertenece salvo en la percepción de los orígenes y la justificación de la vida. Paradójico.  Poseerlo todo en una infinitud donde se extravía el pensamiento por muy poderosa que sea la capacidad de inteligibilidad o análisis para evolucionar. Todo para que cada elemento se fusione con la muerte. Dicotomía vida-muerte, origen y final que canaliza la razón de ser de una humanidad en constante evolución como finito contraste frente al infinito Universo que la Ciencia solo puede imaginar con guarismos y sucedáneos de una realidad que está fuera del alcance de la sabiduría terrena.

  El perfecto e insospechado-ególatra es el hombre en su sueño de conquistas dispares- laberinto terreno donde evolucionar el alma. Libertad para caminar en busca de la salida que consiste en quedarse quieto y mirar desde el interior la revelación de la entelequia mundanal  que extravía. Intención en la libertad, libertad en la solución del espejismo.

  Intención en la libertad para actuar, como en la libertad para renunciar al espejismo terreno y la vanidad de descubrir el conocimiento de su causa;  atendiendo a la intuición que entiende detrás del libre albedrío la razón de la existencia más allá de su magnificada apariencia. Despertar en la humilde consciencia de quien sin entender el misterio que lo asombra,  sabe comprender el porqué de una razón limitada ante un Infinito inescrutable: un aprendizaje de humildad en un simulador existencial cuya clave está en salir de él por el entendimiento del espíritu que mira en su interior, como gesto divino para acceder a otros órdenes fuera del laberinto terrenal. Libertad para entender el que pueda; así entienda y evolucione.







martes, 4 de septiembre de 2018

II-La sabia intención oculta de la existencia. Dios cede el protagonismo


           II 
La sabia intención oculta de la existencia.
Dios cede el protagonismo.

Somos los protagonistas de nuestra propia evolución. Dios, lo Supremo incontestable aunque se le niegue, deja una herencia y conforma el escenario.
  
En toda comunicación que conlleva un aprendizaje uno es el que pregunta y otro el que responde. Aunque Jesús decía que “bástele al maestro ser como su discípulo y al discípulo ser como su maestro”, en las cuestiones divinas-por llamar así a esa barrera infranqueable para la limitada racionalidad –la Creación, Dios, el Demiurgo o como quiera llamarse, es la esencia afín a la Infinitud desconocida. Un Maestro callado que habla a través de otros siendo de Él. Así no hay respuesta que uno mismo no pueda responder cuando está preparado para reconocer la impotente condición del orgullo mundanal.

  La búsqueda interior es admitir que en la humildad está la certeza que dirime las dudas porque se sabe desde otra actitud clarificadora, otro prisma que renuncia a la visión egotista de un conjunto cuya identidad es en realidad sencilla aun con el infinito que apabulla; cuando se sabe allegarse a esa cierta intencionalidad. Y tan importante es admitir que polvo somos y en polvo nos convertimos como el premio que conlleva el gesto de la renuncia para obtenerlo todo. El Reino de los cielos interior es la panacea contra toda carencia. No obstante ya quedó dicho que “somos dioses”. En tanto elijamos lo mundano seremos hijo del hombre y como tales evolucionaremos en el laberinto de la vida hasta que en ese reconocimiento humilde salgamos del extravío para transformarnos en Hijos de Dios.

  La Biblia incide una y otra vez en el despertar de una consciencia renovada y, sobre todo, práctica: aprender silenciosamente lo que la evolución del espíritu dicta hasta la consecución de un regreso. Tal cual describe la Parábola del hijo pródigo. No hay enseñanza para reconocer la humildad que no se haya sembrado pese a la constante recolección de la impotente codicia terrena. Generación histórica tras generación; religión tras religión, todo confluye en la búsqueda interna: la intención de la inocencia para vaciar un odre viejo que ha de ser renovado con un vino en odre nuevo que aprovecha. ¿Renuncias al desorden terrenal? Regresas, despiertas y obtienes todo lo que deseas lejos de la influencia perdida del orgullo humano.

 En todo caso, el protagonismo de la Infinita creación queda supeditado a la voluntad de cada cual para entender cuando pueda hacerlo. Estando preparado más allá de las sabidurías complejas del cruel, competitivo y duro ser humano que evoluciona en inteligencia dejando pendiente la lección del corazón.

Pero para entender estas simplicidades con intención oculta hay que desaprender y consentir. El regreso del hijo pródigo se produce cuando recuerda los cuidados del padre que lo dejó marchar con parte de su herencia, con el fin de aprender por sí mismo que su independencia es orgullo baldío y su voluntad sin norte el extravío seguro de su razón de ser infinita.

  Aprender en lo espiritual es reconocer, después de haber asimilado una condición limitada, que desde el principio hasta el fin todo conduce al polvo, siendo la magnánima grandiosidad del historial humano un rastro efímero que sirve a las generaciones para mantenerse en la misma ignorancia vital, en tanto se ha de aprender sobre el verdadero sentido de la vida que pasa inadvertido… hasta que la verdad hace libres, desterrado el espejismo de la autosuficiencia mundana.

  Un plan, una intención, una verdad por actitud Suprema… la Verdad intencionada que explica todas las verdades relativas de la inacabable capacidad pensante que siempre yerra contra el muro insoslayable de la extinción individual y colectiva. Por mucho que los escribanos dejen constancia de la universalidad de la gestas.

  Somos los protagonistas de nuestra propia evolución. Dios, lo Supremo incontestable aunque se le niegue, deja una herencia y conforma el escenario. El regreso al Infinito asimilable depende de cada uno de nosotros. Algo que solo puede entenderse mediante un proceso evolutivo del alma, inexplicable sin un ciclo de encarnación del que la Biblia hace mención permanentemente. El que pueda entender que entienda, decían...

I-Dudar para acertar. El porqué del misterio en el mensaje divino



                                                                          I
Dudar para acertar. 
El porqué del misterio en el mensaje divino.

Cuando se formula una adivinanza o acertijo la intención se basa en que sean otros los que acierten la respuesta. El emisor la conoce y es por eso que plantea la incógnita. Uno sabe y comunica mientras que otros son los llamados a acertar.

“Hablo en parábolas para que el que pueda ver vea y el que pueda entender, entienda; no con las orejas del mundo sino con el oído del corazón”. Jesucristo.

  En la comunicación de los designios divinos el secretismo es una constante siendo los profetas o enviados los que emiten mensajes que nunca son claros. No disertan sobre lo sabido que ellos conocen, sino que lo envuelven en el carácter de una adivinanza para que puedan entenderlo aquellos que de alguna manera están preparados para comprender.

  Siendo misterioso el mensaje, no una prédica sobre asuntos ciertos, habría que incidir en la intencionalidad que subsiste en todos los enviados divinos, sean cuales sean las religiones que los proclamen, de mantener oculto un mensaje al que solo los sencillos de corazón, según dicen, pueden acceder.

  La intención del misterio y no el misterio de lo que permanece oculto, es la antesala para comprender la realidad divina que se convierte en agua clara, una vez entendida tanto la intención como el mensaje en sí. Y el mensaje es mucho más sencillo de entender en esencia que la compleja disertación que a menudo en parábolas envuelve en secretismo cada discurso público.

  ¿Por qué esa intención de ocultar? Nunca hay en las exposiciones una certeza que pueda entender el raciocinio por su formal enunciado empírico o pragmático. Jamás se usa una coherencia clarificadora de la lógica para facilitar el entendimiento. Al contrario, todos los mensajes conllevan una carga difuminada de adivinanza, de un credo nebuloso que solo se clarifica cuando se resuelve el misterio. Y no es casualidad que esa intencionalidad mistérica sea la constante de la guía divina porque el entendimiento que se busca no depende del raciocinio frío de las evidencias, sino de la sensibilidad del espíritu que busca y encuentra la sencillez en la respuesta, mostrando el gesto de la humildad interiorizando y renunciando al espejismo mundanal que todo lo pregunta y nada se responde… hasta que cada uno abre los ojos para entender y la sencillez le clarifica el Infinito y la intención de la existencia.

Más allá de la vida, más allá de muerte permanecemos en una Sabiduría que tiene contado hasta el último cabello de nuestra cabeza. Nada es casualidad: ni la intención del misterio, ni la esencia desconocida de existir.

  Los misterios divinos, las adivinanzas oscuras que prevalecen a través de los tiempos, solo los resuelven los sencillos de corazón. Porque disipar ese misterio consiste en reír con la intención de quien lo enuncia y salir del laberinto para comprender que el acertijo mistérico es solo una distracción para asimilar con humildad la futilidad de la soberbia humana que se desenvuelve magnificada en una mota minúscula denominada Tierra, con todos sus habitantes llamados a la aparente extinción temporal.

  Entonces el alma evoluciona y no hay más preguntas que acertar, sino verdades que vivir. Lo que suceda al otro lado son cuestiones que experimentaremos según el grado de esa evolución. Pero todo será a su tiempo; mientras, nos afanamos en resolver acertijos con absoluta libertad para llegar a la solución.

  Sembrando y recogiendo. Cada cual, libremente, escoge su camino de regreso con mayor o menor dificultad. Depende de la vanidad o la humildad, no del cerebelo… que retorna con toda impotencia al polvo… en apariencia. Porque está todo atado y bien atado. Saberlo o no, es otra cuestión intencionada de una Voluntad excelsa.