viernes, 21 de septiembre de 2018

VIII-Una Fe práctica, tangible y funcional. Una Verdad única


VIII 
Una Fe práctica, tangible y funcional
Una Verdad única
   
En muchas ocasiones los grandes secretos se esconden a la vista de todo el mundo para que permanezcan protegidos. Lo desconocido es insospechado y no por lo complicado que sea explicarlo sino por lo difícil que es darlo a entender a cuantos aún no están preparados para asimilar las explicaciones.
Pues fácil es enseñar a los cerebros pero no así a los corazones engañados por creencias insuficientes y pergeñadas según la ignorancia de la observación en detrimento de la lucidez por un pensamiento puro. Es la dicotomía conocimiento-desconocimiento la base de las certezas o los equívocos de un mundo donde cada pensamiento tiende a considerarse una verdad relativa, acaso viviendo el espejismo de una realidad.

  ¿Pero y si todas esas aparentes certezas que nos ayudan a comprender el orbe donde evolucionamos, son solo las sombras que ocultan una verdad única que no explica la mente racional sino la intuición de lo sencillo? ¿Y si los grandes secretos confluyeran en una sola verdad a través de una inspiración en unicidad con la voluntad de entender el origen de todo este infinito expansivo que convierte la existencia en un misterio irresoluto? ¿Y si el fin de la vida consistiera en conocer un secreto a la vista de todos para comprender el porqué de la razón de existir?  Antes fluyen las ideas ordenadas pero inciertas  que las que pretenden desordenar, por ser ciertas, las ideas preconcebidas que son engañadas por un corazón cerrado a un entendimiento único al margen de creencias o dogmas. El entendimiento verdadero no depende de la razón en la que el hombre se extravía explorando un universo sin fin. En todo laberinto existe una salida después de recorrer los pasillos de la desorientación. Este laberinto existencial también posee su puerta para salir de él, a pesar de sus complejidades o de sus ilimitadas percepciones.

Mi escarceo con la meditación ya me mostró cómo bregar con este problema de las dimensiones superpuestas donde  todo es sencillo a la vez que complejo, gigantesco al tiempo que minúsculo, intemporal  a la par que contaban los segundos de una  inspiración aparentemente contradictoria. Porque uno aprende de la interiorización que todo es como parece hasta que se ahonda en la esencia de su causa para existir y se comprende que no hay casualidad aparente en las semejanzas  ni distinciones causales. En realidad todo proviene de un mismo origen de creación que es energético y maleable; a voluntad de un Creador que reconocido como Infinito formamos parte de su obra. Pero las distancias rompen el encantamiento de una idea global donde somos ese infinito más allá de nuestro limitado conocimiento.

  Por eso la Fe para alcanzar tan ignotos destinos que nos sobrepasan las limitadas creencias y nuestra vida temporal. La vida es en apariencia un galimatías sin sentido, un misterio sin razón que existe en una razón de ser donde todo posee una causa. El enigma está a la vista de todos como también el secreto único por el que la existencia se transforma en una razón primera, espiritual y práctica. Tan práctica como espiritual porque lo uno es complementario de lo otro y los asuntos del alma no son virtuales sino tangibles y funcionales.

  Mucho más prácticos, inmediatos, tangibles y funcionales que lo que la ignorancia y el egoísmo vanidoso de lo humano han dado a entender interpretando para sí mismo esa generosa concepción de existencia laberíntica que posee su vía de escape hacia nosotros mismos.

  Mirando la Fe como una herramienta de soluciones inmediatas, sus certezas son tan cercanas como visibles para aquellos que están preparados para ver. La sencillez de entenderlo es lo que diluye el infinito en que se extravían las soberbias, para desde la visión de un alma renacida comprender los muchos misterios que no conducen a nada, siendo todo un escenario sin trascendencia-a pesar de sus magnitudes-donde lo que realmente importa pasa inadvertido para los que aún no saben, no sienten que pueden ver. La Fe es certeza, no creencia. Una salida funcional de un laberinto que puede desaparecer prácticamente comprendiendo los sencillos fundamentos de nuestra razón de existir. Así el que pueda entender, no con las orejas del mundo sino con los oídos del corazón, entienda cómo resumir el extravío del infinito en una única razón por la que existimos. Mucho más sencillo y cierto que todas las ciencias de un hombre perdido en busca de un destino que jamás le conducirá a parte alguna que no sea la humildad de mirar hacia sí mismo... y regresar de un largo viaje hacia ninguna parte.



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