III
Libertad terrenal para entender lo que concierne al espíritu.
Libertad de actuación.
En este mundo todo es relativo desde un
entendimiento que intenta asimilar una fenomenología adscrita a la
ilimitada Creación que abarca lo más grande y lo más pequeño, infinitamente.
La aptitud de la inteligencia puede analizar el
entorno pero no ser él mismo; nace de él pero ignora su origen. La importancia
pensante es relativa pues no es pensamiento de lo Eterno sino que se desarrolla
fuera de sus insondables secretos. Todo tan inmenso para tornar a lo
irrelevante ante la perspectiva segura de la sepultura.
Una intención oculta rige la oportunidad de
existir y permite un libre albedrío que explica los desórdenes morales y la
degeneración de las normalidades en un mecanismo universal de perfecto encaje.
Un libre albedrío para conculcar los órdenes aunque no para zafarse de las
consecuencias de ellos. Pues ya se advirtió, a modo de guía, que con la
misma medida que midiéramos seríamos medidos.
Libertad de
actuación es la clave que interpreta este conjunto de sensaciones vivas que
nacen de la nada y parece que a la nada se van con cada individualidad que
experimenta un nacimiento para insoslayablemente morir.
Libertad proporcional al ocultamiento de la intención
que con la razón solo puede intuirse sin encontrar una verdad absoluta.
Libertad por un tiempo contado en lo terreno, pero libertad en la inmensidad
del Infinito del que se es consciente durante unos años de protagonismo
vivencial. Todo en una inmensidad consistente con una importancia humana
relativa. El Universo es sólido frente al pensamiento que lo estudia o lo
adivina. Poderoso pensamiento en esencia e insignificante como fin último para
un ser creado temporalmente con fecha de caducidad.
Que el entendimiento sea corto respecto a la
ilimitación de lo que está siempre por conocer, es una de las verdades
implícitas en las debilidades humanas que en la práctica ninguna teoría puede
rebatir. La negación de Dios forma parte de la libertad de acción, pero no la
negación de la muerte que es la clave para entender el porqué del vivir siendo inescrutable
el misterio de su determinación ignota. No es casualidad que frente a la
ambición el brío humano sea templado por el horizonte de la Parca. Por si
quedaban dudas sobre la insignificancia de la obra humana, el polvo es un
destino inesquivable.
Una gran Sabiduría actúa creando las
condiciones donde el hombre ha de desenvolverse sin saber nada del objeto de
una supervivencia destinada a la extinción. Proporcional su misterio como ser
vivo y racional al balance de la razón sea cual sea la disciplina científica o
de pensamiento que resulte de su práctica.
Libertad para entender o desentenderse de la
oportunidad de vida para obrar según una conciencia que no es casualidad como
árbitro de las acciones. La humanidad está condicionada para observar y
adaptarse a la existencia en su aspecto fungible de realidad, en tanto en
cuanto posee entendimiento para aceptar las reglas universales que rigen el
mecanismo natural de un Infinito que lo abarca todo pero donde es efímero.
El hombre dispone de un conjunto al que
pertenece salvo en la percepción de los orígenes y la justificación de la vida.
Paradójico. Poseerlo todo en una infinitud donde se extravía el
pensamiento por muy poderosa que sea la capacidad de inteligibilidad o análisis
para evolucionar. Todo para que cada elemento se fusione con la muerte. Dicotomía
vida-muerte, origen y final que canaliza la razón de ser de una humanidad en
constante evolución como finito contraste frente al infinito Universo que la
Ciencia solo puede imaginar con guarismos y sucedáneos de una realidad que está
fuera del alcance de la sabiduría terrena.
El perfecto e insospechado-ególatra es el
hombre en su sueño de conquistas dispares- laberinto terreno donde evolucionar
el alma. Libertad para caminar en busca de la salida que consiste en quedarse
quieto y mirar desde el interior la revelación de la entelequia mundanal
que extravía. Intención en la libertad, libertad en la solución del espejismo.
Intención en la libertad para actuar, como en
la libertad para renunciar al espejismo terreno y la vanidad de descubrir el
conocimiento de su causa; atendiendo a la intuición que entiende detrás
del libre albedrío la razón de la existencia más allá de su magnificada
apariencia. Despertar en la humilde consciencia de quien sin entender el
misterio que lo asombra, sabe comprender el porqué de una razón limitada
ante un Infinito inescrutable: un aprendizaje de humildad en un simulador
existencial cuya clave está en salir de él por el entendimiento del espíritu
que mira en su interior, como gesto divino para acceder a otros órdenes fuera
del laberinto terrenal. Libertad para entender el que pueda; así entienda y
evolucione.

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